En la penumbra de mis pensares he caído a formar parte de manera repentina. Es que lo que me rodea lo que me conlleva a preguntarme cual es el motivo de estar aquí.
En la lucha incontenible e insaciable que llevo a cuestas aun quizás no queriendo que así fuese, parece ser mi cruz aquello que algún día acepte ser y que hoy algunas veces me hace sentir culpable por la soñadora elección del pasado.
Es lo que soy, lo que hago. Son cosas que hay que dar sin esperar tanto a cambio. Sabes que algún día tendrás la recompensa, pero el tiempo para ver los frutos de lo que engendras va más a allá de los nueve meses de gestación.
Es un camino cuyo destino parece siempre ser inalcanzable. Cuyos senderos parecen ser más angostos cada día que transcurre. Cuya vistas naturales no siempre son las más hermosas panorámicas. Es cuando aprendes que la vida se torna de diferentes matices y que los diferentes tonos grisáceos pueden presentarse ante nuestra pupila.
Mañana todo esto serán historias para fortalecer, para enseñar… para decir y reafirmar que se puede, pero que cuesta mucho más de lo que se predetermina.
Como siempre he sabido, el camino es ridículamente largo. Y aparte de lo que realmente se quiere adquirir en cuanto a conocimientos, la sabiduría y las experiencias de los días y las diferentes circunstancias que se desenlazan a cada momento, quizás sean las cosas más importantes.
Ciertamente habrá muchas lecciones, pero aquellas que son de vida son las que realmente deben tomarse en cuenta. Pues ellas serán el sustento de tu alma sedienta, el pilar de lo que construyes y la fuerza interna que te impulsa.
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