¿Por que llora tu cielo? ¿Acaso tus ojos facturan la pena de alguno de tus pequeños? ¿Por qué rocías mi epidermis, que sin dudarlo recibe tu descarga en forma representativa? ¿Debería asumir que las gotas de Madre Tierra son siempre de tristeza?
Hoy miro tu bóveda y me siento más enamorada. De ti, admito quererme contagiar mas. ¿Dónde deparará mi mañana? Señor donde sea que estés tu, pues un futuro sin ti es preferible ni añorarlo.
Ahora que te conozco como lo hago, me sale lamentar no haberme abandonado a tus brazos, limitando en ese entonces, nuestra relación y no permitiendo que salga de la superficialidad que día a día nos sondea en cada acto, por mas simple que hagamos.
Hoy miro tu cielo, aquel techo lábil a mis emociones que siempre refleja lo que pasa por mi mente, como si estuviésemos conectados. Y noto que pequeñas nubes grises adornan las congestionadas calles tortuosas tan propias de mi carácter.
Señor, tú me conoces, tú lo sabes todo…
Sabes que preguntas es lo que más bordean mi corazón, preguntas que delatan la ansiedad que guardo por ti, cada letra emitida anda ansiosa de ser correspondidas con un mandato tuyo, que llegue impune sin alteración contextual dada por cualquier otro mortal.
Que sutil eres mi Dios, ¿Cómo no amarte? Viéndome tan imperfecta y diminuta, tan lejos de parecerme a ti aunque luche constantemente en contra de mi yo carnal, ahí estas tu; inmóvil, en el mismo lugar de siempre, estando en todos lados, esperándome, enamorándome, contagiándome.
Sin duda no existe un amante como tú, cautivante de los re celos de mi corazón, detallista empedernido, fiel compañero en mis pasos. Aun en mis cuestionables andanzas… estas allí a veces callado otras advirtiéndome… siempre buscando como cuidarme.
Tú me enamoras, tú me provocas, cuan grande es el amor que en tu cruz has profesado y cuán grande el que por ti siento, aunque igualarme nunca podre lograrlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario