Llueve en la primera tarde del
año en la capital de una isla que es virgen del frío electrizante que azota
muchas partes del mundo. Es una lluvia
acogedora. Las gotas caen como si representaran cada una a su vez, algún
pedido, algún buen deseo, una esperanza emitida entre felicidad y anhelos la
noche anterior, por quienes tuvieron la dicha de ver entrar un nuevo año.
Llueve, y realmente, el que lo
haga, nunca ha sido la costumbre que mis ojos han aceptado desde que tengo uso
de razón. Quizás por eso me pierdo en la extrañeza del momento y por alguna
otra razón, propia de mi ser melancólico y por la nostalgia que mucho invita
éstas épocas, me voy lejos recordando personas que intentan estar en mi vida,
sólo porque así en el fondo lo quiero, aunque realmente no sea lo más conveniente...
o cuestionándome acerca de quiénes me acompañan hoy... y se irán mañana
indiscutiblemente.
Llueve. La creencia de muchos a
mi alrededor, es que si el año nuevo llega y te encuentra de alguna manera,
haciendo algo en específico, vestido de algún color que aluda o invoque cierta
virtud o beneficio, ése mismo año que nace inocente en nuestras vidas, te
ofrecerá eso mismo con lo que lo has recibido... hasta que sus ojos se apaguen
lentamente otra vez bajo el conteo regresivo de una nueva bienvenida. Si ésto
es cierto, quizás pueda yo augurar que será un año de mucha lluvia para ésta
tierra, o más que éso, puede que haya significado alguna metáfora de vida y, preludien lágrimas de dolor o de alegría... o signifiquen bendiciones para las
personas que moran queriendo o no, en el mismo suelo que yo piso. Al final ni
yo ni nadie sabe eso, sólo el ser supremo a quien se le atribuye todo lo bueno
y el permiso de las cosas no tan buenas que nos tocan a la puerta.
Buena o mala, la lluvia
realmente duró muy poco. Así que, de significar algo desagradable, tenemos la esperanza de que sea lo que sea no se instaure
por décadas. Aunque pensándolo bien... ¿quién que se encuentre en su hogar,
tranquilo, sin planes de salir por el cansancio de la noche anterior, quizás
moribundo en su cama por el maltrato hepático, puede pensar que la lluvia trae
cosas desagradables? Ni siquiera en ése momento... porque se moja sólo el que,
adrede, sale a darle bienvenida a la lluvia y al nuevo año.
Feliz venturoso año 2014 para mis queridos lectores.
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