Respuestas es lo que mi corazón quiere desde el momento en el que tus ojos se clavaron en lo míos la primera vez, cuando lejos teníamos lo que el destino tenía escrito, y juntos nos subimos al vehículo que viajaba a una profunda amistad.
Pero dime, ¿dónde queda el anhelo de aquel silencioso suspiro?
Ese deseo tan intrínseco, de perderse en tu boca y posado en tus labios, entonces meditar.
Que si habrá mucho que pensar, quizás sea solo mi idea. Mi intención de que al final de la encomienda descubras que mi lado requiere tu compañía.
Quizás para cuando te des cuenta estemos kilómetros, millares de gotas y un archipiélago de distancia, con distintas zonas horarias que nunca se pondrán de acuerdo para que dejemos que siga latiendo el amor.
Un día te marcharás y aquí quedaré con la costumbre de tu besar, con el rastro de tu aliento y las huellas de tus dedos que, como de alfarero, se deslizaban como si labraran un nuevo arte cada vez... Aunque hayan sido razonablemente pocos nuestros encuentros.
Te marcharás y ni cuenta nos daremos de cómo se esfuman nuestras promesas. Quedará para entonces el recuerdo de una experiencia que difícilmente se pueda simular, repetir, rebobinar... Por más dulce que haya sido.
Mas la consciencia de lo que se hace a veces da fortaleza, por más que pueda atacar el sentimentalismo y quede divulgado a través de una lágrima solitaria, la sapiencia nos conduce a través del corto camino de algo que parece prohibido, cuando en ningún momento dejó de ser amor.
Aun así te extrañaré, te querré como puede no haya conseguido hacerlo antes, aunque ése sentir, no permita yo, se extienda más de lo debido. Y tú... pensarás en varios momentos ¿por qué no pasó antes? ¿por qué de pronto el valor para admitir y la luz para entender las cosas, llegaron faltando tan poco?
Queda el consuelo de que cada cosa tiene su razón de ser. Nos queda disfrutar lo que nos resta de travesía, hasta que nos toque desmontarnos de nuestro sueño que guarda el color de tus ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario